La cabra chupasangre (Historia real)

Esta es la historia de como llegue a tener la certeza de la existencia del diablo.

Llego la navidad y todos se fueron de vacaciones menos tres, Villar, Colorado y yo. Era el padre de Villar el que tenia que venir a recogernos y el no lo podía hacer hasta el día siguiente, así que tuvimos que pasar una noche más en el internado y esperar hasta la mañana siguiente para coger el tren.

Estábamos aterrados con la idea de dormir aquella noche en una habitación donde habitualmente dormíamos ochenta. Las monjas lo sabían y intentaron hacernos pasar el día lo mejor posible, jugando o intentando jugar, recuerdo que para comer nos dieron natillas, comimos en la cocina. Conforme avanzaba la tarde y comenzaba a hacer frío nuestro animo iba menguando y nuestro miedo creciendo. Llego la hora de acostarse.

Sorbenancia nos hizo el favor de ponernos a los tres juntos en unas esquina del dormitorio junto a su cuarto, por lo que no podía pasarnos nada porque ella estaba ahí, detrás de la pared. y podíamos ver la luz de la lampara de su habitación filtrándose por debajo de la ranura de la puerta, estaba ahí, los tres no acostamos mirando hacia esa lucecita por debajo de la ranura porque mirar al otro lado, sesenta metros de oscuridad, era de terror, de cagarse patas abajo.

Camas, mesitas y armarios, iluminados por una luz roja de unos pilotos que había en lo alto que servían para cuando teníamos que ir al bater que después pudiéramos encontrar nuestras propias camas. Pues algunos de estos pilotos estaban fundidos y todo lo que se veía era el dormitorio con unas zonas iluminadas y otras oscuras, con una luz tenue y roja.

Ademas esa era una de las noches de viento, había una galería en paralelo al dormitorio, que cuando se colaba el viento ahí crujía todo, ventanas, contraventanas, puertas... y era como dormir en la inmensidad de un galeón fantasma.

¿Y de que teníamos miedo? Teníamos miedo del diablo, del diablo en forma de cabra, más concretamente en forma de macho cabrio con los cuernos y la barbita. Que venía en las noches de inviernos a chupar la sangre de los niños, pero no de los niños malos si no de todos. Era una leyenda, pero para nosotros era muy real.

Nos parecía verlo encima de los armarios, al lado de los pilotos rojos y veíamos la sombra de sus cuernos y la barbilla y ahí agazapado esperando a que nos durmiéramos para venir y chuparnos la sangre. Y nos creíamos esto precisamente por Sorbenancia la monja de guardia que esta era una de sus historias favoritas que la contaba varias veces. ¿Estaba ella convencida de la veracidad de la historia o solo no las contaba para aterrarnos.

Porque claro si apagas la luz de un dormitorio y le dices a ochenta niños, venga dormiros, pues no es tan fácil, así que contando historias de miedo no armábamos ruido, nos quedábamos calladitos. Esa noche nosotros no necesitábamos ninguna historia de miedo, ya la teníamos ahí. Eso es lo que esperábamos que el diablo apareciese.

Sorbenancia había puesto un cubo metálico a los pies de la cama, para si en mitad de la noche teníamos que ir a mear pues lo hiciésemos ahí porque ir hasta estos servicios era tétrico, se meaban muchos niños en la cama por no tener que ir, yo nunca lo hice, pero detrás de los radiadores si.

Yo tenía la suerte de dormir entre los otros dos y los tres mirando a la lucecita que salía por debajo de la puerta, y recuerdo a Colorado diciendome:

-¿Crees que la cabra va a venir esta noche a por nosotros, que va a venir a por nosotros?

Pero lo que yo pensaba es que ya estaba ahí, debajo de la cama o en el cuarto, con Sorbenancia, porque Sorbenancia precisamente por estas historias que nos contaba corrían rumores de que era una monja bruja.

Mirábamos la lucecita, veíamos que estaba despierta porque veiamos su sombra moverse por debajo de la luz que salía por debajo de la puerta y escuchábamos como un ruido sordo contra carne y había otro rumor de que las monjas se flagelaban, no se sabía.

El mismo cuarto de la monja celadora, que estaba ahí mismo yo no sabía de nadie que le hubiera echado un vistazo, los espacios de las monjas eran misterio puro, eran como otro mundo, nadie sabía. Ahí estamos mirando la lucecita, pensando en la cabra que va a venir en cualquier momento, yo me quede dormido y recuerdo un sueño profundo como si la cabeza me pesara una tonelada.

En un momento determinado me desperté, digo despierto porque abrí los ojos, la sensación es de estar despierto pero no poder moverte, parece que te puedes despertar pero no puedes, parece que estas dormido pero que es real lo que pasa, sientes el tu peso sobre el colchón.

Yo desperté y tenía la misma sensación, había alguien ahí, pero yo no podía moverme ni comprobar, un picor inmenso en la planta del pie izquierdo, pero no me podía rascar, estaba como petrificado, como si hubiese una gravedad diez veces mayor, sentí un frío intensísimo en los pies, yo me había acostado arropado bien ni me había movido y de pronto me doy cuenta de que mis pies están a la intemperie.

Y digo "tengo que hacer algo" y levanto la cabeza y logro verme la punta de los pies a la intemperie y en ese mismo momento veo una cosa que se mueve muy rápido, una cabeza, sin cuernos. Lo que creí ver fue algo que siempre de niño había pensado que me iba a aterrorizar ver, que era la cabeza de una monja sin velo.
Tampoco tenía sentido porque se había movido como una centella, no podía ser una monja muy rápido,

Intente ver más allá pero no pude, volví la vista hacia el cuarto de Sorbenancia pero era como si estuviera mi garganta de piedra, lo que veo es que la puerta esta entre abierta porque está la claridad rojiza de un piloto que esta alumbrando la puerta, pero claramente entre la puerta y el marco había una franja de al menos un palmo, la puerta esta abierta, no se oye nada, pero siento que desde ahí me están mirando, no se si me dormí, me desmayé.

Lo último que recuerdo de esa noche es un hilillo de agua corriendo por algún lado, contra algo metálico, como si un cañería en algún lado del edificio estuviese suelta o rota, tal como yo sentía mi pie, como encharcado, mojado, frío.

A la mañana siguiente, frío, porque Sorjuliana, que era la monja que nos despertó tiró la ropa de las tres camas al suelo y los tres en formación en un instante y ella pálida. Señaló el cubo que nos habían dejado para mear estaba no lleno, a la mitad, pero de sangre o algo que parecía sangre, cuatro o cinco litros por lo menos, Sorjuliana ni abrió la boca, debíamos tener la cara tan pálida como ella porque cogió el cubo y se lo llevó.

Nos llevaron a la estación, los tres, ya habíamos vomitado todo el desayuno, nos metieron en el tren y cuando llegué mi madre me besa y según me besa dice:

-Este niño esta enfermo a tenido un mal viaje, vamos a la cama.

El primer día de vacaciones en casa todo el día en la cama, vomitando, con mareos, con fiebre, al siguiente día ya iban a llamar al médico pero me empecé a recuperar y nada, bueno nada, me pase todas las vacaciones traumatizado.

En cuanto volví después de las navidades, a principios de año, vimos que las camas en las que habíamos dormido Villar, Colorado y yo estaban con el colchón enrrollado y no durmió nadie ahí en todo el trimestre, no andábamos sobrados de camas, pero no durmió nadie en esas.

Hablamos los tres y habíamos llegado todos a casa como yo llegue a la mía, en el caso de Villar había ido al médico le habían hecho una transfusión de sangre porque el médico le había dicho que le faltaba sangre.

Sorbenancia, ya la vimos poco, la mandaron al almacén ya no trataba con nosotros. Esa noche la utilizaba otras noches para calmarme el miedo decía:

-Si la noche que estuvisteis los tres vino el diablo a chuparte la sangre y sobreviviste, puedes sobrevivir cualquier otra noche.

Pero no me funcionaba, porque cada noche de terror hay que vivirla hasta el final, hasta el final, hasta la madrugada y cuando empieza a clarear...

                                                            FIN

2 comentarios:

  1. http://www.youtube.com/watch?v=SpfJM0P4Wac&feature=youtube_gdata_player

  2. http://www.youtube.com/watch?v=SpfJM0P4Wac&feature=youtube_gdata_player

Publicar un comentario