El árbol de la ahorcada

Esta es la historia de como llegué a tener conocimiento de un asesinato que me parece no ha sido resuelto nunca y de como se donde fue enterrada la víctima.

Todos los años hacia el final del cursos el escolar en primavera, todo el alumnado íbamos de acampada a un lugar llamado el árbol de la ahorcada, este lugar era un encinar denso, había un claro en el cual había un árbol inmenso que sobresalía por encima de todos, creo que era un nogal, en este árbol había una rama baja que casi se podía tocar, desde la cual se decía que se había ahorcado una monja, esa era la leyenda, una monja que se había enamorado de un soldado y que ante la imposibilidad de su amor se había escapado y había acudido allí una noche de luna llena y se había ahorcado.

Lo de la luna llena tenía su sentido porque nosotros siempre acudíamos allí en luna llena en las dos o tres noches de luna llena de abril o de mayo y el motivo sencillamente es que íbamos muy mal equipados, dormíamos en sacos del ejercito pero a la intemperie, no llevábamos tiendas dormíamos en unas cabañas que hacíamos de ramas y troncos que quedaban hechas de un año para otro, cuando llegábamos allí lo primero que hacíamos era reacerlas, poner una lona por encima por si llovía y dormíamos en grupos de ocho nos daban una linterna a cada grupo y nos tenía que durar las tres noches que pasábamos allí y nos duraba porque habiendo luna llena apenas la utilizábamos.

Cada año había el grupo de valientes que se escapaban por la noche hasta el claro donde estaba el árbol del ahorcado porque se oía, decían, que a algunos niños se les había aparecido la monja, incluso había quien decía que había visto a la monja colgada con sus hábitos, su velo, meciéndose con la brisa al viento y llamándoles, llamándoles con una mano para que se acercasen, eso decían algunos niños.

La mayoría de los valientes que iban hasta allí volvían aburridos, cansados de esperar porque no habían visto nada, la creencia general es que lo de la monja ahorcada no era más que una leyenda y los que decían haberla visto no eran más que mentes calenturientas que probablemente todo lo que hubiesen visto eran los rayos de luz de la luna llena filtrándose entre las ramas del nogal y según se mecían con el viento las ramas, se movían los rayos de luz aparentando ser los hábitos.

Esto ocurrió el segundo año que estaba allí, tenía ocho años, estábamos muy cansados era la última noche de la acampada y estábamos destrozados porque en realidad esto de la acampada no era más que una excusa para hacernos trabajar, nos pasábamos todo el día cogiendo bellotas, cada grupo de ocho competíamos haber quien recogía más bellotas nos daban un saco a cada uno y teníamos que recoger bellotas en un determinado tiempo, al grupo ganador le daban golosinas y así nos pasábamos las noches comiendo golosinas a la luz de la luna tan felices.

Al final de la acampada entre una competición y otra llenábamos un camión del ejército de sacos de bellotas, a eso íbamos, esa era la acampada. Aquella noche estábamos destrozados, recuerdo que me desperté en aquel momento porque pensaba que estaba lloviendo, había oído un repiqueteo, pero no, había una luna llena increíble, que se filtraba por las ramas de la cabaña, habrían sido unas bellotas que habían golpeado en la lona o cualquier cosa.

Me incorporé un poco y del otro lado de todos los que dormíamos en la cabaña, un saco estaba vacío por el lugar donde estaba creí que era Cornejo, pensé que era alguien que había ido a mear y no le di más importancia por lo que me volví a dormir. Al rato me despierto otra vez porque escucho sollozos, miro y veo que si, que es Cornejo, no esta dentro del saco, está encima, está encogido, temblando y con las manos llevadas a la boca como para no hacer ruido.

Salgo del saco, me acerco a el y le digo:

-¿Qué pasa? ¿Qué pasa?

El me cogió la mano, la llevó contra el y me dijo:

-La he visto, Charlie, la he visto, la monja, la he visto, he ido me ha llamado, me he acercado la he tocado, me ha agarrado de la mano y me ha contado lo que le han echo... (Dijo susurrando entre sollozos)

Yo, estaba viendo la luna en sus ojos, el reflejo, me di cuenta que no era ninguna broma que estaba aterrorizado, estaba tirando de la mano para que me soltase y me cuenta:

-No se ahorcó, la ahorcaron, no se enamoró de ningún soldado, tuvo un amorío con el Coronel y estaba preñada y el coronel con dos soldados más la trajo aquí y la ahorcó y esta enterrado debajo del mismo árbol y me pidió justicia... justicia para ella... (Dijo aterrado pero lleno de convicción)

Luego comenzó a describírmela, que si era pequeñita con una cara muy dulce, que si tenía un lunar sobre la ceja del ojo izquierdo grande como una aceituna y ya se relajó un poco, en esto que se relajó yo tiré de la mano, me separe de el, me metí corriendo en el saco y me tape entero. Yo pensando "No me ha contado nada, no me ha contado nada" pero le oía sollozar todavía y hubo un momento en el que nos pudo más el cansancio que el miedo y nos dormimos los dos.

A la mañana siguiente, ni nos miramos y los días siguientes, hicimos por no encontrarnos, ni nos vimos, ni nos cruzamos. Porque los dos estábamos avergonzados, el de haber vivido la historia y yo de haberla escuchado, el de habérmela contado y yo de no querer creerla. Eramos dos críos pero estábamos avergonzados por lo que yo aún conservo la vergüenza, por no hacer nada, porque tanto el como yo podíamos escuchar a esa monja decir "Justicia, justicia...".

Pero eramos dos mocosos y sabíamos que no íbamos a hacer nada ¿Qué íbamos a poder hacer? Porque aunque la historia hubiese sido cierta vete a saber cuando había ocurrido, probablemente incluso antes de que los dos naciésemos por lo que yo enseguida decidí que la historia no era cierta, que no había sido más que una alucinación del cornejo o de la misma leyenda que nos rodeaba cada vez que íbamos al lugar este de excursión, estábamos empapados de la leyenda.

Durante muchos años pensé esto a sido una historia del Cornejo vete tu a saber y eso es lo que pensaría incluso hoy si no fuese por otro incidente. Pocos meses antes de que acabara el internado, años más tarde cuando ya estaba a punto de completar mi formación de primaria. Una mañana temprano según entrabamos a la capilla porque siempre escuchábamos misa antes de desayunar, había que entrar por un vestíbulo en el que había cuadros, fotografías de monjas, congregaciones, monjas de clausura... nunca prestábamos atención siempre pasábamos por el vestíbulo a toda pastilla en dos filas, pegados a las paredes, ahí no nos deteníamos.

Había otra razón por la que no nos deteníamos nunca ahí, curiosamente les llamábamos los ahorcados y es uno de los castigos más crueles y brutales que yo haya visto nunca en un niño, resulta que a los que se meaban con las noches en la cama a la mañana siguiente los ponían en el vestíbulo con la sabana meada colgada del cuello, para que todo el internado desfilase delante de esta gente y los viese, era una vergüenza.

Pues esta mañana según entraba yo allí la fila se paró en seco, en el mismo vestíbulo porque se escuchó un ruido, fuerte, en la capilla, de un banco que se había roto entonces las dos filas que íbamos allí en marcha militar nos paramos en seco y justo a mi derecha a menos de un metro estaba uno de los ahorcados, era un amigo mio intento mirar para otro lado, para no verle y lo que tengo a mi izquierda, a un palmo de mi nariz es una de estas fotos la miro pero sin prestarle atención mientras esperaba a que la fila se moviera.

Me doy cuenta que en el cuadro hay mancha, como una cagadita de mosca, una mota negra y me pongo a raspar la mota esta y no sale, no sale porque es una mota en la misma fotografía y la mota es un marca en el cuerpo de una persona, sobre la ceja izquierda, lo que es, es un lunar y entonces me fijo y empiezo a enfocarme y veo la cara y es una cara así sonriente de una monja chiquitita y pensé "De que conozco yo a esta moja, si no es de las que nos atienden, ¿Dónde he visto yo a esta monja?"

Pensando, recordé que era la monja que me describió Cornejo, me dio un escalofrío en la espalda como me esta dando igual ahora... y en ese momento pasaba Sorjacinta por al lado mía y le dije:

-Hermana, hermana, esta monja ¿Quién es?

Sorjacinta me miro con una sonrisa, contenta porque un niño se interese por una monja y le pregunte. Miró el cuadro y se le cambió la sonrisa por una mueca de asco, me pegó una cachetada, detrás de la nuca, tan fuerte que me choqué con el de delante, en ese momento la fila empezó a andar y me empujó hacía delante.

Nunca, en toda mi vida, una cachetada me ha revelado a mi, tanto...

1 comentarios:

  1. http://www.youtube.com/watch?v=SpfJM0P4Wac&feature=youtube_gdata_player

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