La cabra chupasangre (Historia real)

Esta es la historia de como llegue a tener la certeza de la existencia del diablo.

Llego la navidad y todos se fueron de vacaciones menos tres, Villar, Colorado y yo. Era el padre de Villar el que tenia que venir a recogernos y el no lo podía hacer hasta el día siguiente, así que tuvimos que pasar una noche más en el internado y esperar hasta la mañana siguiente para coger el tren.

Estábamos aterrados con la idea de dormir aquella noche en una habitación donde habitualmente dormíamos ochenta. Las monjas lo sabían y intentaron hacernos pasar el día lo mejor posible, jugando o intentando jugar, recuerdo que para comer nos dieron natillas, comimos en la cocina. Conforme avanzaba la tarde y comenzaba a hacer frío nuestro animo iba menguando y nuestro miedo creciendo. Llego la hora de acostarse.

Sorbenancia nos hizo el favor de ponernos a los tres juntos en unas esquina del dormitorio junto a su cuarto, por lo que no podía pasarnos nada porque ella estaba ahí, detrás de la pared. y podíamos ver la luz de la lampara de su habitación filtrándose por debajo de la ranura de la puerta, estaba ahí, los tres no acostamos mirando hacia esa lucecita por debajo de la ranura porque mirar al otro lado, sesenta metros de oscuridad, era de terror, de cagarse patas abajo.

Camas, mesitas y armarios, iluminados por una luz roja de unos pilotos que había en lo alto que servían para cuando teníamos que ir al bater que después pudiéramos encontrar nuestras propias camas. Pues algunos de estos pilotos estaban fundidos y todo lo que se veía era el dormitorio con unas zonas iluminadas y otras oscuras, con una luz tenue y roja.

Ademas esa era una de las noches de viento, había una galería en paralelo al dormitorio, que cuando se colaba el viento ahí crujía todo, ventanas, contraventanas, puertas... y era como dormir en la inmensidad de un galeón fantasma.

¿Y de que teníamos miedo? Teníamos miedo del diablo, del diablo en forma de cabra, más concretamente en forma de macho cabrio con los cuernos y la barbita. Que venía en las noches de inviernos a chupar la sangre de los niños, pero no de los niños malos si no de todos. Era una leyenda, pero para nosotros era muy real.

Nos parecía verlo encima de los armarios, al lado de los pilotos rojos y veíamos la sombra de sus cuernos y la barbilla y ahí agazapado esperando a que nos durmiéramos para venir y chuparnos la sangre. Y nos creíamos esto precisamente por Sorbenancia la monja de guardia que esta era una de sus historias favoritas que la contaba varias veces. ¿Estaba ella convencida de la veracidad de la historia o solo no las contaba para aterrarnos.

Porque claro si apagas la luz de un dormitorio y le dices a ochenta niños, venga dormiros, pues no es tan fácil, así que contando historias de miedo no armábamos ruido, nos quedábamos calladitos. Esa noche nosotros no necesitábamos ninguna historia de miedo, ya la teníamos ahí. Eso es lo que esperábamos que el diablo apareciese.

Sorbenancia había puesto un cubo metálico a los pies de la cama, para si en mitad de la noche teníamos que ir a mear pues lo hiciésemos ahí porque ir hasta estos servicios era tétrico, se meaban muchos niños en la cama por no tener que ir, yo nunca lo hice, pero detrás de los radiadores si.

Yo tenía la suerte de dormir entre los otros dos y los tres mirando a la lucecita que salía por debajo de la puerta, y recuerdo a Colorado diciendome:

-¿Crees que la cabra va a venir esta noche a por nosotros, que va a venir a por nosotros?

Pero lo que yo pensaba es que ya estaba ahí, debajo de la cama o en el cuarto, con Sorbenancia, porque Sorbenancia precisamente por estas historias que nos contaba corrían rumores de que era una monja bruja.

Mirábamos la lucecita, veíamos que estaba despierta porque veiamos su sombra moverse por debajo de la luz que salía por debajo de la puerta y escuchábamos como un ruido sordo contra carne y había otro rumor de que las monjas se flagelaban, no se sabía.

El mismo cuarto de la monja celadora, que estaba ahí mismo yo no sabía de nadie que le hubiera echado un vistazo, los espacios de las monjas eran misterio puro, eran como otro mundo, nadie sabía. Ahí estamos mirando la lucecita, pensando en la cabra que va a venir en cualquier momento, yo me quede dormido y recuerdo un sueño profundo como si la cabeza me pesara una tonelada.

En un momento determinado me desperté, digo despierto porque abrí los ojos, la sensación es de estar despierto pero no poder moverte, parece que te puedes despertar pero no puedes, parece que estas dormido pero que es real lo que pasa, sientes el tu peso sobre el colchón.

Yo desperté y tenía la misma sensación, había alguien ahí, pero yo no podía moverme ni comprobar, un picor inmenso en la planta del pie izquierdo, pero no me podía rascar, estaba como petrificado, como si hubiese una gravedad diez veces mayor, sentí un frío intensísimo en los pies, yo me había acostado arropado bien ni me había movido y de pronto me doy cuenta de que mis pies están a la intemperie.

Y digo "tengo que hacer algo" y levanto la cabeza y logro verme la punta de los pies a la intemperie y en ese mismo momento veo una cosa que se mueve muy rápido, una cabeza, sin cuernos. Lo que creí ver fue algo que siempre de niño había pensado que me iba a aterrorizar ver, que era la cabeza de una monja sin velo.
Tampoco tenía sentido porque se había movido como una centella, no podía ser una monja muy rápido,

Intente ver más allá pero no pude, volví la vista hacia el cuarto de Sorbenancia pero era como si estuviera mi garganta de piedra, lo que veo es que la puerta esta entre abierta porque está la claridad rojiza de un piloto que esta alumbrando la puerta, pero claramente entre la puerta y el marco había una franja de al menos un palmo, la puerta esta abierta, no se oye nada, pero siento que desde ahí me están mirando, no se si me dormí, me desmayé.

Lo último que recuerdo de esa noche es un hilillo de agua corriendo por algún lado, contra algo metálico, como si un cañería en algún lado del edificio estuviese suelta o rota, tal como yo sentía mi pie, como encharcado, mojado, frío.

A la mañana siguiente, frío, porque Sorjuliana, que era la monja que nos despertó tiró la ropa de las tres camas al suelo y los tres en formación en un instante y ella pálida. Señaló el cubo que nos habían dejado para mear estaba no lleno, a la mitad, pero de sangre o algo que parecía sangre, cuatro o cinco litros por lo menos, Sorjuliana ni abrió la boca, debíamos tener la cara tan pálida como ella porque cogió el cubo y se lo llevó.

Nos llevaron a la estación, los tres, ya habíamos vomitado todo el desayuno, nos metieron en el tren y cuando llegué mi madre me besa y según me besa dice:

-Este niño esta enfermo a tenido un mal viaje, vamos a la cama.

El primer día de vacaciones en casa todo el día en la cama, vomitando, con mareos, con fiebre, al siguiente día ya iban a llamar al médico pero me empecé a recuperar y nada, bueno nada, me pase todas las vacaciones traumatizado.

En cuanto volví después de las navidades, a principios de año, vimos que las camas en las que habíamos dormido Villar, Colorado y yo estaban con el colchón enrrollado y no durmió nadie ahí en todo el trimestre, no andábamos sobrados de camas, pero no durmió nadie en esas.

Hablamos los tres y habíamos llegado todos a casa como yo llegue a la mía, en el caso de Villar había ido al médico le habían hecho una transfusión de sangre porque el médico le había dicho que le faltaba sangre.

Sorbenancia, ya la vimos poco, la mandaron al almacén ya no trataba con nosotros. Esa noche la utilizaba otras noches para calmarme el miedo decía:

-Si la noche que estuvisteis los tres vino el diablo a chuparte la sangre y sobreviviste, puedes sobrevivir cualquier otra noche.

Pero no me funcionaba, porque cada noche de terror hay que vivirla hasta el final, hasta el final, hasta la madrugada y cuando empieza a clarear...

                                                            FIN

Mami perdóname

Esta historia, sucedió en 1997 en una lujosa residencia al norte de la ciudad, hasta la fecha no se comprende, lo único que sabemos, es que así fue.

Era un lunes a las doce del medio día, algunos problemas con su marido habían hecho enfadar a la señora cuando de pronto al entrar a el dormitorio de su hijo, lo encuentra parado, el niño estaba pálido y con la vista perdida y en su cabeza se veía una cicatriz muy marcada. Su madre dijo:

-Bueno Carlos ¿Qué estas haciendo aquí, no deberías estar en la escuela?

El niño le contesto, sin expresión en su rostro:

-Mami, perdóname...

-Perdóname, siempre me pones tu cara de pena y dices perdóname, ¿Qué no sabes decir otra cosa cuando haces tus tonterías?

-Mami, perdóname...

Con el sonido del teléfono sonando de fondo la madre dijo:

-¿No tienes nada mejor que decirme? Seguro que ya te volviste a pelear con algún compañero ¿Verdad?. ¡Maldito teléfono deja de sonar!

-Perdóname... yo te quiero mucho...

-Ya mejor cállate Carlos. ¡Maldito teléfono... no lo pienso contestar!

Carlos comenzó a llorar, parecía un llanto de dolor, mientras seguía diciendo:

-Mama, perdóname...

-¡Entre el teléfono y tu me vais a volver loca! ¡Última vez te lo digo, ya cállate!

De pronto el llanto de Carlos, dejó de escucharse, un silencio total inundo la casa, solo se escuchaba el teléfono sonar. Al fin decidió contestar el teléfono:

-Bueno dígame.

-¿Es usted la madre de Carlos?

-Si soy yo, ¿Qué pasa?

-Habla el profesor de Carlos, se que por teléfono no es lo más correcto, pero... quiero decirle algo sobre su hijo, es algo muy delicado.

-¡Ai! ¿Qué hizo ese demonio?

-Señora no se como decírselo la verdad es que Carlos se subió a la azotea del colegio y se cayó.

-Y con razón, yo ahora mismo me ocupo de reñirle espere. ¡Carlos! ¡Carlos! Te estoy hablando ven para acá, ¡Qué vengas!

-Lo que pasa es que Carlos al caer de la azotea se abrió la cabeza y murió instantáneamente.

-¡Carlos...! ¡Carlos! Carlos mi hijito... ¡No...! ¡Carlos...! ¡No me dejes...! (Dijo entre llantos)

-De verdad lo siento mucho señora, su cuerpo fue llevado al forense hace unos minutos y me piden que lo valla usted a reconocer.

La señora busco al niño en su habitación , pero... ya no se encontraba ahí y en su lugar, tansolo encontró unas cuantas gotas de sangre, se arrepintió de por vida, de haber desperdiciado esa oportunidad de despedirse de su hijo.


El secreto del sótano

Una noche estaban cuatro amigas haciendo una fiesta de pijamas mientras veíamos películas de terror cuando se les ocurrió ir al sótano. Anteriormente la dueña de la casa les dijo que en el sótano se aparecía un muerto pero ellas no la creyeron. Decidieron jugar a la botella y que entrara al sótano la que quedara.

La primera que quedó se llamaba Yumara y las otras chicas muertas de la risa pero con un poco de miedo, al pasar el rato empezaron a escucharse muchos ruidos y un grito de espanto que las aterrorizo, salio por la puerta una pulsera que le habían regalado a Yumara al cumplir los quince.

Pensamos que era una broma y esperando a que saliera se quedaron dormidas, al despertar al día siguiente no la encontraron por ningún lado y les daba pánico entrar al sótano. Tuvimos que llamar a sus padres para que vinieran y ellos avisaron a la policía.

Los agentes entraron con linternas y encontraron a Yumara muerta y totalmente ensangrentada, tuvieron que cerrar el caso porque no se encontró una forma lógica por la que pudiera haber muerto. Después de seis años seguimos con el mismo remordimiento de lo que pasó aquella noche.

El final el mundo

El final de todo, la carnicería, el holocausto... pueden llamarlo como quieran, este ya se presentó y no fue como lo esperábamos, no hubo guerra nuclear, no hubo una inundación provocada por el cambio climático... no, no fue nada de eso.

31 de diciembre de 2013

El día del juicio final llegó, nadie lo esperaba, nadie lo creía nadie lo supo... la humanidad calló en un profundo sueño del que despertaría en un mar de torturas inimaginables, devoraría sus entrañas sin piedad, aquellos seres no tenían piedad ni nosotros la más mínima posibilidad de defendernos.

Un profundo sueño los inundó, mientras dormían esos seres los despertaban, me persiguen imágenes, sonidos... de aquella gente que suplicaba piedad mientras eran devorados entre arduo sufrimiento... nunca creí que tal crueldad se haría con nuestras vidas, nuestras esperanzas, nuestros sueños, nuestros derechos...

Nadie podía evitarlo, pues todos dormían dulce y profundamente hasta ser perturbados y torturados sin piedad, Dios no puede existir, no permitiría esta masacre, esta crueldad y si existiera solo es pura crueldad y maldad. ¿Nos creó solo para poder torturarnos?.

Yo por mi propia maldición, la maldición de haberles visto antes de caer dormido devorando a mis padres, a mis hermanos... el haberles visto me mantiene despierto... y mientras tenga fuerzas para huir lo haré, torturado por mi instinto de supervivencia, no creo que mi mente soporte esta tortura, esta crueldad, Dios si realmente estas ahí detenles, salva a tus humildes sirvientes, dales la oportunidad de vivir, cumplir sus sueños y en un futuro, tener una muerte digna.

Los gritos de los torturados duraron días, asustado seguía en mi desesperada e inútil huida, los sonidos de aquellas torturadas almas me perseguirían hasta la muerte, que apuesto cercana, pienso que me dejaron escapar porque no había lugar donde ocultarse, estaban en todos lados, nunca sentí tal miedo, tal furia ni tal pena.

Se hizo un enorme silencio, el mundo que conocíamos ya solo era un gran cementerio, esas criaturas se iban, pero no se iban solas, mi mujer, mis padres y toda la raza humana iba con ellos...

En mi eterna huida, sentí grandes deseos de terminarlo todo ya... morir antes de que vuelvan... no tener que sufrir esta tortura, simplemente irme de aquí, por siempre...

                                                                 FIN

Puedes escuchar esta historia en vez de leerla, espero que lo disfrutes:



La viuda asesina.

En un pueblo perdido habitaba en un casa una señora cuyo nombre era Rosa, esta era muy feliz, guapa y vigorosa pero al fallecer su marido Rosa fue con el paso de los años volviéndose loca, Rosa y su marido habían criado cuatro hijos. Ella muy poco a poco fue tratándolos cada vez más mal cada vez que los veía se enfadaba mucho y les golpeaba duramente. Los gritos de las pobres criaturas penetraban en los oídos, vivían en el campo por esto no se podían escuchar los gritos de los niños.

Rosa tenía dos hijos y dos hijas en orden de edad se llamaban: José, Juan, María y Ángela. En el pronóstico de la radio anunciaban fuertes tormentas y caída de granizos, iba a hacer mucho frío. Rosa le dijo a sus hijos coged machetes y hachas iremos a cortar leña al bosque, los niños sin decir nada ya tenían armados los bolsos con linternas, hachas, machetes y carne podrida por si se encontraban con algún animal.

Ya en el bosque Rosa dijo a José:

-Tu vendrás conmigo el resto de ustedes busquen leña en otro lado.

José sin decir nada cogió su bolso y siguió a la madre, cuando estaban lo suficientemente alejados de los demás la madre le dijo muy lentamente a José.

-Dame tu bolso.

El sin decir nada se lo entregó.

-Espero que entiendas lo que hago, tu padre era el único que trabajaba y sin el estamos perdidos, tu eres una boca más a alimentar y yo muero de hambre, lo siento pero al mismo tiempo, no lo lamento.

Sacando el hacha del bolso le cortó la cabeza a José, con el hacha ya bien lavada volvió con lo demás y les dijo que se lo había comido un oso será mejor que volvamos a casa. Una vez en casa cuando ya habían cenado y todos estaban acostados.

Rosa llamó Juan y le dijo

-Hazme un té.

Juan obedeció:

-Tráeme ese frasco.

Juan obedeció de nuevo.

Rosa echó en el té lo que había en el frasco y le dijo:

-Tomatelo.

Juan no entendía nada y creyó que era un pronto de su madre, así que lo tomo sin sospecha alguna. Al rato Juan calló al suelo, el té tenía cianuro.

Luego fue al cuarto María y Ángela para decirles que Juan había tenido un paro cardíaco de repente, después María consiguió dormirse pero Ángela no.

A la mañana siguiente Rosa llamo a Ángela y le dijo:

-Debes estar muy cansada como para hacer tus tareas, ¿No?.

Ángela asintió con la cabeza y Rosa la acostó en su cama y comenzó a cantarle una nana y Ángela se quedó dormida. Mientras soñaba con el coro de los Ángeles Rosa cogió un cuchillo recién afilado y lo atravesó por el corazón de Ángela. Como en las dos ocasiones anteriores fue corriendo a María y le dijo:

-Tengo que confesarte una cosa hija mía, yo fui la que mato a tus hermanos, le corté la cabeza a José, envenene con cianuro a Juan y hice que Ángela durmiera para poder atravesarla con un cuchillo y ahora voy a ahorcarte lentamente para que sufras como ninguno de tus hermanos.

Tras matar a Ángela asesinó a cinco familias más y se dice que fue ella quien mató a su marido...

                                                                   FIN

El cuento de la llorona

Esto sucedió en el mes de diciembre de 2004  el frío era más intenso, las calles estaban más silenciosas y oscuras de lo normal y una fuerte lluvia había caído en la ciudad. Roberto vivía con su mujer y su hijo pequeño de tres años en la Macarena en Sevilla. Escucho una voz mientras andaba por la calle que decía:
"Mis hijos... mis hijos... ¿Donde están mis hijos...?"

Roberto pensó que era una mujer borracha que no sabía lo que decía y siguió caminando hacia su casa. Al llegar entró a un viejo baño para lavarse la cara antes de dormir y escucho la voz con el eco del baño:
"¿Tu has visto a mis hijos...?"

Al girarse vio en el espejo reflejada la silueta de una mujer y pronto desapareció, Roberto sintió pánico y llamo a su mujer para contárselo:

-Ana he visto una mujer en el baño que me hablaba y decía cosas al oído...

-Que más quisieras, ¿Dónde estuviste?

-Te lo juro...

-Ya, bueno vamos a dormir.

Cuando ya llevaban un rato dormidos y reinaba el silencio en la habitación se volvió a escuchar:

"Mis hijos... ahí llegan mis hijos..."

Roberto se dio cuenta y dijo:

-¡Ana!

-Roberto ¿Qué es eso?

-Te lo dije yo la escuché, es real.

-¿Sabes qué? Ya me contagiaste tus nervios, debe ser alguien que no tiene nada más que hacer, ve a ver al niño no valla a ser que se haya despertado con tus gritos.

Roberto entró a oscuras en la habitación de su hijo, despacio se acerco a su cama para tocarlo, pero este no estaba ya, solo quedaban ya las sabanas extrañamente mojadas, entonces Roberto dijo:

-Ana ¿El niño esta ya contigo? porque no lo encuentro por ningún lado.

Entonces se escuchó:

"¿Tú eres uno de mis hijos...? ven... ven conmigo... tú eres uno de mis hijos... *Suspiros*"

Los padres se aterraron al escuchar estas palabras, su hijo no estaba por ningún lado, pero al parecer aquella aparición de terror lo había encontrado antes que ellos:

-¡Sueltame tu no eres mi mama! ¡Voy a llamar a mi papa! ¡Sueltame, dejame!

"Tu eres uno de mis hijos.... ven..."

-¡Roberto corre, ve a ver donde está el niño!

-¡Esta en el labadero!

Cuando el padre del niño subió las escaleras vio como era abrazado por aquella aparición terrorífica abrazaba a su hijo, vestida de blanco, con la piel más blanca que su túnica, los labios morados y sus ojos negros y sin brillo, con mirada triste pero a la vez terrorífica.

Ella lo tomo de los cabellos y lo hundió de cabeza en la pileta del labadero. Roberto quiso acercarse a ayudar a su hijo pero dela oscuridad salieron dos perros negros llenos de rabia que le impedían el paso hacia esa mujer, para salvar a su hijo. Ana gritó:

-¡Porfavor deja mi hijo, por dios te lo pido!

Dichas estas palabras como por un milagro los perros salieron despavoridos, la mujer desapareció en la oscuridad y Roberto pudo acercarse a su hijo pero ya era tarde, su hijo había muerto ahogado.
                                                             
                                                              FIN

La Tierra Santa. (Historia real)

Me encontraba en un internado de primaria que quedaba a mitad del bosque, rodeado de zonas arbóreas, en un lateral a unos cien metros de distancia había un terraplén, le llamábamos la tierra santa, este quedaba al lado de una carretera que era por la que a diario iban y venían un grupo de niños.

La carretera conectaba con un edificio en el que vivían el personal civil que trabajaba en el colegio: Los profesores, celadores... y estos niños eran sus hijos que acudían al colegio y entre esto estos niños estaban las niñas a las que todos intentábamos impresionar, cada año había tres, cuatro, cinco niñas que venían al internado a diario por esta carretera.

Había el entretenimiento de los internos de ir a esta tierra santa, a este terraplén para intentar impresionar a las niñas, saltando desde el terraplén y cayendo a un montículo de arena finísima. Nadie sabía por que se llamaba tierra Santa pero era como que el nombre le venía bien porque la arena de allí no tenía que ver nada con la de alrededor y permitía caer desde una altura considerable sin hacerte daño.

Yo nunca llegue a hacer porque ese era mi primer año en el internado, tenía solo siete años. Un día mientras se desarrollaba esta actividad oímos unos gritos inmensos y pensamos que era alguien que se había roto una pierna. Lo que vimos es un grupo de niños en mitad de la carretera que rodeaban a este Márquez que estaba temblando, como loco y lo estaban agarrando.

Márquez gritaba "Me ha intentado tragar, me ha intentado llevar , quería llevarme, quería llevarme..." vinieron un par de celadores que estaban de guardia, se lo llevaron. Esa noche los rumores de la historia de Márquez los mayores comenzaron a contar, estaban saltando y de repente salto Márquez y inmediatamente empezó a gritar y lo encontraron cubierto de tierra hasta el pecho cuando lo normal era hundirse hasta las rodillas, tiraron de el y Márquez dijo "He sentido unas manos tirando de mis tobillos y una voz salia de la tierra que decía: Tú me perteneces, tú te vienes conmigo."

Llega la noche, todo el mundo preguntándose por Márquez, cenamos, vamos al estudio, vamos al rosario, llegamos a los dormitorios y allí es el último momento que yo vi a Márquez, tenía una cara que no olvidaré nunca, como si no estuviese allí. No se si ya lo habían medicado, nos habían dicho que lo dejáramos tranquilo, yo dormía al otro lado del dormitorio que era inmenso, ya me despreocupé de el esa noche, apagaron las luces y no se oía un alma.

En un dormitorio con ochenta personas, es normal siempre había murmullos, toces, sollozos, esa noche nada, todos pensando en Márquez, poco a poco nos fuimos durmiendo, yo también me quedé dormido.
A la mañana siguiente suena la campana, despierto, miro hacía el otro lado del dormitorio y veo dos o tres monjas moviéndose de un lado a otro, empieza a correrse la voz, Márquez se ha escapado.

Esto no era tan extraño, porque todos los años se escapaban media docena de niños del internado porque nos sentíamos mal, solos, había morriña de casa del hogar y había niños que se escapaban con relativa frecuencia, además casi siempre por la mañana que se despertaban antes y se marchaban muchas veces en pijama.

Casi siempre les encontraban en un par de horas vagando por la carretera Valladolid-Burgos, era el único lugar de contacto con el exterior, todos los trimestres llegábamos por esa carretera y por la misma nos marchábamos.

Bueno, Márquez se había escapado igualmente lo había hecho en pijama, porque había dejado la ropa encima de la mesilla. Nos levantamos nos lavamos vamos a misa todo el mundo especulando, entramos en las clases. Los profesores intentan dar las clases normalmente como si no pasase nada, llega el recreo y nadie juega solo rumores.

Llega la hora de la comida y no hay más que mirar la cara de las monjas y veías que no, no le habían encontrado avanza la tarde los rumores crecen, que si habrá ido hacia el río, que si no a ido a la carretera si ha ido monte arriba.

Terminan las clases y ahí llega el bombazo, unos chicos mayores que han ido a la tierra santa a saltar como todos los días y han encontrado las zapatillas de dormir de Márquez, allí al lado del montículo de tierra donde pasó el incidente del día pasado. Es más el montículo de tierra esta alisado, como si allí no hubiese saltado nunca nadie, una broma de mal gusto parece, estos mayores que habían encontrado las zapatillas pasan todos uno tras otro por el despacho de director del colegio, el corones. No es broma ninguna, Márquez no aparece.

No apareció nunca, vinieron decenas de soldados que estuvieron días buscando por todas partes, excavaron la arena de la tierra santa y lo único que hicieron es hacer el montículo mas grande. Vimos a los padres que vinieron a recoger las cosas y la ropa de Márquez. Nosotros rezamos el Rosario extra delante de la cama vacía durante días. No apareció nunca, lo único que se vio fueron sus zapatillas.

Su zapatillas junto a la tierra donde el dijo que había sentido unas manos que le habían cogido de los tobillos, le había tirado hacia abajo y una voz que decía "Me ha intentado tragar, me ha intentado llevar , quería llevarme, quería llevarme..."

Nadie volvió a saltar en la tierra santa, nunca, la cercaron a los dos días...

                                                                   FIN

By: Marginalmedia.